Guía Práctica de Entrenamiento para Padres en Terapia InfantilTiempo de Lectura: 7 minutos

Entrenamiento para padres y madres

¿Qué es el entrenamiento para padres? ¿Cómo complementa la terapia infantil y con adolescentes? ¿El entrenamiento conductual para padres es útil en todos los casos? ¿Qué tiene que tener en cuenta el psicólogo a la hora de crear un protocolo de entrenamiento para padres? ¿Qué beneficios reciben los progenitores cuando reciben este entrenamiento? ¿Para qué sirve el entrenamiento parental? ¿Qué funciones tiene el psicólogo cuando realiza esta intervención? 


Todos hemos recibido una educación en casa, de un estilo o de otro, que nos ha ayudado a desenvolvernos de una manera más o menos eficaz en nuestra vida adulta. Esta educación proviene frecuentemente de unas figuras de apego, el padre y la madre (aunque no necesariamente), que actúan como soporte y referencia para desarrollar esas actitudes que nos han de servir en el día a día.

No obstante, nadie nace sabiendo, y las madres y padres de hoy en día también tuvieron sus figuras de referencia que les enseñaron actitudes que les valdrían para actuar en su vida adulta. Aún así, no todas estas enseñanzas resultan ser útiles para transmitir a nuestros hijos e hijas, dado que o bien ha habido varios saltos generacionales entre lo que le enseñaron a esos padres y madres y lo que éstos habrán de enseñar a sus hijos, o bien estas enseñanzas no resultaban útiles desde un principio.

¿Qué son los entrenamientos para padres y madres?

Basándose en éstas dos condiciones donde la educación parental no ha sido adecuada, nacen los llamados “Entrenamientos para padres y madres”, que son espacios de formación y actualización para padres y madres en los que se pretende crear un espacio en el que se puedan compartir ideas y experiencias sobre diversos temas pertenecientes a la crianza y educación de hijos e hijas bajo la supervisión de profesionales de la psicología infantil que puedan proveer de información y técnicas efectivas.

Además, es muy frecuente que este tipo de apoyo o asesoramiento psicológico, muchas veces llamado psicoeducación, tenga lugar paralelamente con sesiones de terapia infantil o con adolescentes. Es así como se conseguirán mejores resultados con los hijos y en definitiva, con el sistema familiar.

Beneficios del entrenamiento para padres y madres

En psicología y en concreto, en terapia infantil, se evalúan de manera general dos tipos de conductas: Externalizantes e internalizantes. Esta distinción es especialmente importante a la hora de crear un entrenamiento para padres.

Las conductas externalizantes son aquellas conductas, acciones, comentarios, expresiones… que son percibidas por los demás, mientras que las internalizantes son más bien ideas y pensamientos que sólo son perceptibles por la persona que los tiene. En la psicología infantil existe el problema de que, en muchas ocasiones, por la edad y la inmadurez de la persona que evaluamos pueden existir huecos en la información que nos puede dar. En general, los más pequeños informan bien de aquellas cosas que piensan, pero son las personas de su entorno, padres y madres en este caso, las que mejor informan de aquellas conductas externalizadas.

¿Qué quiere decir esto? Pues que para la correcta evaluación y tratamiento de la conducta infantil es necesario entrenar a madres y padres para ser buenos observadores e informadores de las conductas de sus hijos e hijas: saber qué conductas evaluar, cuales son importantes y cuáles no, la frecuencia de esas conductas, ver si las presenta en todos los contextos y la intensidad de las mismas.

Es, además, importante saber que madres y padres son el principal agente de cambio: las personas más influyentes en la vida del niño o niña, y por lo tanto las que más potencial tienen para enseñar la conducta más adaptativa; y aquí reside el verdadero potencial del entrenamiento para padres.

Esto, en muchas ocasiones nos va a llevar también a modificar conductas desadaptativas de padres y madres, ya que uno de los principales métodos de aprendizaje que tienen los niños es la imitación, copiando todo aquello que vean hacer a sus figuras de referencia.

Con esto llegamos a una de las partes que más confrontaciones produce entre el psicólogo con los padres y entre ellos mismos, ya que el reconocer que hay cosas que no están haciendo bien no siempre es bien recibido. No obstante son momentos que hay que afrontar, haciendo ver que tanto el psicólogo como los padres y madres están orientados hacia un objetivo común, que es el bienestar del niño, y que en ocasiones esto pasa por hacer una autocrítica a lo que hacemos.

Funciones del psicólogo durante el entrenamiento

Por lo tanto el psicólogo ha de cumplir el rol de:

  • Corregir conductas desadaptativas de los padres.
  • Enseñar nuevas habilidades más adaptativas.
  • Enseñar más sobre las condiciones de la infancia y la adolescencia.

¿Qué se trabaja durante el entrenamiento parental?

Un entrenamiento para padres y madres suele estar centrado en un tema concreto o varios que se relacionen, por ejemplo al realizar un entrenamiento que se centre en el fomento de las habilidades sociales tendremos que ajustarlo en función del momento evolutivo del hijo y de las necesidades que manifieste. Los entrenamientos pueden diseñarse para tratar cualquier conducta, pero los más comunes suelen ser:

  • Información sobre la etapa evolutiva en la que se encuentra su hijo.
  • Información sobre el momento cultural en el que se encuentra la infancia y la juventud.
  • Información y entrenamiento en los distintas estilos parentales eficaces.
  • Cómo recoger información sobre la conducta de su hijo o hija.
  • Actuar frente al trastorno de sus hijos.

No obstante, como ya se ha mencionado, los entrenamientos pueden estar orientados a cualquier problema y/o condición. Podemos entrenar a padres y madres en, por ejemplo, “habilidades y conocimientos necesarios para educar a tu hijo o hija con AACC”, “habilidades para afrontar el cáncer infantil” o “ habilidades para fomentar la autonomía de nuestras hijas e hijos”.

¿Cuándo recurrir al entrenamiento para padres?

En el entrenamiento para padres, más que buscar la eficacia en función de un tipo de problemas determinado (conducta escolar, falta de atención, depresión…), se busca en función de la edad de la niña o niño que presenta la conducta. Cuanta menor sea la edad, mayor será la importancia del entrenamiento y de la figura de la madre y del padre como agentes de cambio. En clientes más mayores, se busca que participen de manera más directa en la terapia, con lo que la función de los padres como intermediarios será menos importante.

Por lo tanto, indiferentemente de si queremos entrenar a los padres en técnicas de estudio, en control de conductas impulsivas o en control de esfínteres, lo más importante para determinar su efectividad es la edad

¿Cómo diseñar un entrenamiento para padres?

La estructura que debe seguir un entrenamiento, se oriente a o que se oriente, debe tener en cuenta una serie de partes que son comunes a todos:

1. A quién va dirigido el programa

Debemos definir muy bien cuál es nuestro público objetivo, para lo que debemos plantearnos una serie de preguntas que nos ayuden a entender cómo son las personas a las que queremos dirigir nuestro entrenamiento. ¿Qué edades tienen los padres, las madres, los hijos y las hijas? ¿Pertenecen a nivel cultural alto, medio, bajo o es indiferente? ¿Están en el paro? ¿Viven juntos o separados? ¿Qué necesidades tienen?

2. Objetivo del programa y post-programa

Hay que definir muy bien cuál es el objetivo del programa, es decir, lo que pretendes conseguir aplicando el programa. Se puede plantear un objetivo o varios que estén relacionados. Hay que aclarar también si se pretende crear una red de apoyo o grupo de consulta al terminar el entrenamiento. Por ejemplo, en un entrenamiento en habilidades para manejarse de forma adaptativa en el cáncer infantil el objetivo se definiría de la siguiente manera:

“El objetivo será adquirir conocimientos sobre la enfermedad y los procesos psicológicos asociados a ella y modificar aquellas actitudes y conductas que no colaboren con el apoyo y la curación de las y los pacientes y potenciar aquellas que sí que lo hagan. Tras el programa se propondrá la creación de un grupo de apoyo para aquellos padres y madres que lo soliciten o lo requieran.”

3. Formato del entrenamiento para padres

Debemos definir cuantos más aspectos sea posible sobre la forma en la que vamos a realizar el entrenamiento para padres. Hay que aclarar si queremos hacer una intervención grupal o individual, cuantas sesiones se van a realizar, cuanto van a durar las sesiones, dónde se van a realizar, cómo ha de ser el espacio físico, cuáles van a ser los horarios y si tenemos que hacer una intervención grupal debemos procurar que los participantes tengan un perfil lo más parecido posible.

4. Formato de las sesiones

Para definir bien las sesiones debemos tener claros varios puntos. Lo primero es saber cuánto queremos que dure cada sesión y cuantas personas o parejas van a asistir a cada una. Después debemos tener claros cuales han de ser los objetivos específicos a conseguir en cada sesión y por último cuáles van a ser los materiales con los que debemos trabajar en cada una de ellas.

5. Difusión del programa para padres

Hay que dar a conocer el programa utilizando los medios que creamos más efectivos, bien sean la difusión por colegios, la publicidad de pago, ofrecerlos en los ayuntamientos o directamente en los servicios o personas que pensemos estarán más interesados en ellos. Las redes sociales como medio de difusión nos permiten un acceso mucho más directo a nuestro público y llegar a más gente. Pero será importante adaptar el modo de difusión a los medios que más emplee nuestro público objetivo.


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Acerca de Jon Asensi

Mi pasión por la psicología me viene desde pequeño. Ya en la escuela me gustaba observar las diferencias entre mis compañeros en la forma de comportarse y de reaccionar ante las situaciones. En la adolescencia empecé a ver a gente tomar decisiones de las que luego se arrepentía y a gente que se aprovechaba y abusaba del resto sin ningún motivo aparente.

Gracias a ésto, pude entrenar las habilidades que considero fundamentales para el ejercicio de la profesión de psicólogo: la paciencia, la observación y la importancia del sentido del humor.

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