Guía para Trabajar la Autoestima en Consulta [+ infografía]

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¿Quieres conocer todos los secretos para trabajar la autoestima en consulta? ¿Quieres conocer las técnicas más eficaces para ayudar a tus pacientes a mejorar su autoestima? Con esta guía descubrirás las claves fundamentales del tratamiento psicológico de la autoestima, así como los aspectos y características fundamentales para reconocer a un paciente con baja autoestima. En definitiva, encontrarás una guía práctica y completa para detectar problemas de autoestima en tus clientes y aprender a abordarlos en consulta.


A veces pienso que vivimos en una sociedad exigente. Atender nuestro aspecto físico, pretendiendo alcanzar unos estándares de belleza casi imposibles. Ser el mejor en el trabajo, porque si no rendimos lo suficiente, hay varios esperando ocupar nuestro puesto.

Conseguir likes en Facebook, matches en Tinder, retweets de nuestras publicaciones más ingeniosas. En definitiva… me da la sensación de que detrás de tanto narcisismo hay una carencia de amor propio.

Nos dedicamos mucho a nuestra imagen externa, pero poco a nuestra parte más profunda.

Llevándolo al terreno de la terapia, me doy cuenta de que muchos pacientes tienen una autoestima bastante pobre. No se perdonan no alcanzar dichos estándares, se critican a sí mismos, se comparan destructivamente con los otros, se menosprecian.

Teniendo en cuenta que la autoestima es un pilar fundamental en lo que somos, creo que es importante trabajarla de forma prioritaria con los pacientes que lo necesitan.

Seguro que más de una vez habrás oído a alguien decir cosas como “me falta autoestima”, “no me quiero” o “no me valoro lo suficiente”. Incluso, algunos pacientes acuden a consulta directamente con la demanda de aumentar su autoestima.

La autoestima es un término que se ha trasladado de la psicología al lenguaje coloquial y, cuando esto ocurre, puede acabar difuminándose su significado o confundiéndose el concepto.

Como psicólogo/a es fundamental que tengas muy claro qué significa tener baja autoestima y cuáles son sus repercusiones en la vida cotidiana de nuestros pacientes.

Antes de Empezar…

Antes de meternos de lleno en la práctica clínica de la autoestima, es importante aclarar que una autoestima débil no es como un tumor que “se extrae” y se soluciona el problema.

Más bien, una pobre autoestima hace metástasis en la persona, se expande afectando a varias o todas las áreas de su vida, haciendo más o menos mella en función de la gravedad del problema.

Por eso, es importante entender la baja autoestima como un problema global, imposible de separar del funcionamiento general de la persona (sus emociones, sus pensamientos, su conducta, sus opiniones, sus relaciones, sus hábitos, sus motivaciones y proyectos…).

Así, la intervención con la baja autoestima debe ser integral, atendiendo todos los aspectos que se están viendo afectados. Trabajándolos en consulta también estamos trabajando con la autoestima, aunque de forma indirecta.

Si quieres saber más sobre el tratamiento psicológico de la autoestima

¿Cómo saber si mi paciente tiene una baja autoestima? Signos de alerta

En algunas ocasiones la falta de autoestima se hace totalmente evidente en el discurso del paciente, cuando éste es peyorativo e insultante hacia sí mismo (“soy un inútil”, “es normal que nadie me quiera”, “odio mi cuerpo”…).

Sin embargo, otras veces la falta de autoestima es mucho más sutil y tendrás que estar alerta para captar los pequeños detalles que te indiquen que la autoestima es un tema pendiente en tu paciente.

Comparto contigo algunas de las conductas que hacen saltar mis alarmas:

  • Tiene la costumbre de compararse con los demás, a menudo ensalzando las cualidades o habilidades de otras personas (bien con cierto matiz de envidia o bien con pesar por sentirse inferior, menos válido) y menosprecia las propias.
  • Para tu paciente, un éxito sólo es válido cuando otra/s persona/s se lo reconocen o halagan. Si nadie se entera, o si los demás no lo consideran un logro, es como si no hubiera existido.
  • De manera repetida elige relaciones (amistades, parejas…) que son claramente dañinas para sí mismo/a. Una frase que me gusta mucho, dice “recibimos el amor que creemos merecer”.
  • Le resulta excesivamente difícil tomar decisiones. La sensación es que “nunca da el paso”, busca excusas, lo alarga, lo evita, se pone impedimentos o limitaciones para evitar decidir.
  • Es muy influenciable por la opinión de los demás y se mueve constantemente en búsqueda de la aprobación externa, tanto de los seres más queridos como de la sociedad en general.
  • Autoboicotea” sus propios planes. A veces da la sensación de que necesita “autocastigarse”, no suele permitirse el disfrute, ni el placer por el placer.
  • Siempre prioriza otras cosas antes que a sí mismo: el trabajo, los hijos, la pareja, la familia, las labores del hogar, las amistades… En ese caos de prioridades, por unas cosas o por otras, las necesidades de la persona siempre quedan en último lugar y, por consecuencia, insatisfechas.
  • No cuida su salud (ni parece importarle). Por ejemplo: tiene una conducta alimentaria perjudicial, hábitos destructivos (dormir poco, fumar, beber, drogarse), no sigue recomendaciones médicas o ni siquiera acude al médico, etc. Sin embargo, la salud no es un tema que parezca preocuparle, “de algo habrá que morirse” decía un paciente mío. Esta forma de dañar su propio cuerpo está relacionado con el autocastigo que comentábamos antes, propio de la baja autoestima, sentir que no merece la pena dedicarse esos cuidados.
  • No cuida su imagen o se preocupa excesivamente por ella. Éste es un punto controvertido porque una imagen descuidada no es necesariamente signo de baja autoestima (puede ser por otras causas diferentes). Aún así, la estética es al fin y al cabo, nuestra cara externa ante los demás.

    Si te llama la atención la imagen descuidada de tu paciente (higiene dudosa, pelo despeinado, ropa manchada…) te recomiendo explorar la autoestima física de tu paciente. Y, ¡ojo!, muy importante: una imagen muy cuidada, no es tampoco garantía de una autoestima sana. A veces, ocurre incluso todo lo contrario, las personas con una autoestima muy pobre intentan compensar con una estética perfecta en cada mínimo detalle, llegando a convertirse en una obsesión en algunos casos.

  • Cuando tu paciente habla de su pasado se enfoca en los fracasos, en aquello que le ha salido mal, en lo que no pudo conseguir, en lo que le criticaron… Le cuesta hablar o directamente no tiene en cuenta sus éxitos, o los aspectos positivos de su pasado y su presente.
  • Su comunicación no verbal transmite inseguridad: voz muy bajita o casi inaudible, no mira a los ojos al hablar, se expresa con nerviosismo…

Cómo trabajar la autoestima en Consulta paso a paso

A continuación conocerás cuáles son los 6 pasos fundamentales para trabajar la autoestima en la consulta.

1. Delimita el Problema de tu Paciente

Las 5 áreas fundamentales de la autoestima son estas:

  1. Física
  2. Social
  3. Familiar
  4. Emocional
  5. Académica/Laboral

Lo primero que debes hacer es averiguar dónde está el problema y delimitarlo.

¿La baja autoestima está afectando a todas las áreas de la vida de tu paciente o sólo a algunas? ¿Tal vez se focaliza únicamente en una de las áreas?

También es importante que explores la manera en que el problema de baja autoestima está afectando a tu paciente.

¿De qué manera interfiere en su vida?

2. Encuentra el origen de la baja Autoestima

Nada viene de la nada.

El siguiente paso para trabajar con la autoestima de tu paciente es que comprendas por qué esa persona tiene baja autoestima.

Siempre hay un porqué, o más bien, un conjunto de factores que le han llevado a este punto.

Para encontrar el origen de la baja autoestima, es necesario que explores a fondo su infancia y su adolescencia.

Es en estas etapas cuando vamos construyendo nuestra propia identidad, en función de lo que nos dicen nuestros padres que somos y de lo que nosotros mismos vamos descubriendo.

Frecuentemente, un problema de autoestima tiene origen en unos padres que, por unos motivos u otros (excesivo trabajo, enfermedad, pocas habilidades parentales, estrés…), no han estado lo suficientemente disponibles para sus hijos, especialmente como una figura de cariño y protección.

Así, si no aparece otra persona que le aporte esa seguridad y ese amor (otro familiar, un maestro, un hermano…), el niño aprende a convivir con esa limitación de afecto que él mismo no es capaz de aportarse, porque con esa edad la necesita de otras personas externas que le cuiden.

El niño crece y se hace adulto, pero el patrón sigue funcionando de la misma manera: quien necesito que me quiera no siento que me quiera lo suficiente, ni yo tampoco lo hago (no me han enseñado a hacerlo), por lo tanto, busco ansiosamente en los demás que me aprueben de la forma que sea, para cubrir así mi propia carencia.

Aquí tienes algunas ideas de preguntas que puedes trabajar con tu paciente para explorar el origen de su baja autoestima, adaptándolas a tu propio estilo:

¿Hay algún hecho significativo que marcara tu infancia o adolescencia?

Situaciones como bullying, separación paterna, emigración, violencia doméstica, abusos…

¿Qué relación tenías de niño y adolescente con tu madre? ¿Y con tu padre?

Explorar si era una relación de apoyo, donde las figuras paternas están disponibles y se forma un apego seguro, o por el contrario, son figuras que provocaron inseguridad e inestabilidad.

¿Qué críticas hacían tus padres sobre ti?

Algunas de esas críticas el niño las introyecta, es decir, las “traga sin masticar”, definiéndose a sí mismo en base a esas críticas que recibió en la infancia.

¿Cómo te transmitían tu madre y tu padre el cariño que sentían por ti?

Invita al paciente a que exprese de forma concreta esos gestos de amor, ya sean palabras, hechos, detalles, etc. A menudo encontrarás en el paciente falto de autoestima que estas muestras de amor fueron muy limitadas, o no fueron suficientes.

¿Cómo te describirías a ti mismo cuando eras niño? ¿Y cuando eras adolescente?

Profundizar tanto en las características de personalidad como en su desempeño en las diferentes áreas de la vida de un niño: escolar, familiar, social, artística, deportiva…

Si llegas a la conclusión de que tu paciente tuvo una infancia sana, sin acontecimientos excesivamente desestabilizadores y con un afecto estable por parte de sus figuras paternas, ya tienes una pista importante: el problema es reciente.

En ese caso, tendrás que explorar dónde está el origen, cuándo fue que comenzó a desconfiar de sus propias capacidades y valía personal: ¿tal vez un trabajo que le sobrepasaba? ¿unos estudios en los que no se sentía capaz? ¿una pareja que le menospreciaba? ¿una amistad dañina?… Cuanto más reciente sea el problema que ha socavado su autoestima, menos enraizado estará.

3. Abrir la Caja de Pandora de los Pensamientos y Emociones

Para poder hacer espacio a los pensamientos y emociones nuevas, primero hay que sacar las viejas, que están ocupando demasiado espacio.

Ocurre que las personas con baja autoestima suelen tener un diálogo mental constante, generalmente no exteriorizado, a veces incluso inconsciente, en el que se reprochan a sí mismos, se critican, se insultan, se recuerdan su falta de valía, se burlan, etc.

Este “automachaque” no es visible para los demás, pero es un hilo musical permanente en la cabeza de tu paciente.

Son los llamados pensamientos automáticos negativos. Son automáticos precisamente porque resultan incontrolables para el paciente.

Él no decide ponerlos en marcha, sino que simplemente “están ahí desde siempre” y no se sabe muy bien por qué.

El objetivo de este tercer paso es que tu paciente se haga consciente de estos pensamientos automáticos negativos que tiene constantemente sobre sí mismo.

Para eso, pídele que se observe. Sin intentar cambiar nada, ni intentar frenarlos. Simplemente, que esté atento a cuándo su mente pone en marcha este “hilo musical”: qué cosas se dice a sí mismo, cómo se las dice (con qué tono, qué palabras usa), ante qué situaciones…

Esta primera toma de conciencia es un paso fundamental e imprescindible.

Para solucionar un problema es necesario conocerlo a fondo, introduciéndonos en el “núcleo duro” del malestar.

Ejercicio para Casa: Registro de Pensamientos Automáticos Negativos

Proponerle al paciente que compre una libreta y que cada vez que se detecte teniendo un discurso automático negativo hacia sí mismo, lo apunte. El registro debe contener los siguientes datos:

Fecha

Situación (¿Qué ha pasado? Por ejemplo, se me quema la comida)

Pensamiento (¿Qué he pensado? Por ejemplo, pienso “soy un inútil, con 32 años y no sé ni freír un huevo”)

Emoción (¿Qué he sentido? Por ejemplo, siento enojo hacia mí mismo por no haber estado más atento. Ojo: no confundir sensaciones o sentimientos con pensamientos. Cuando el “siento” va seguido de un “que”, no estamos hablando de una emoción sino de un pensamiento. Por ejemplo, “siento que no valgo para nada” no es una emoción, es un pensamiento. Una emoción sería: “me siento impotente”)

Conducta (¿Qué hago? Por ejemplo: tiro la comida quemada y me quedo sin comer, ya da igual, se me ha quitado el hambre).

Ejercicio en Terapia: Darle rienda suelta al demonio

Es importante que realices este ejercicio sólo con personas que observas que ya tienen previamente un diálogo destructivo hacia sí mismas, aunque no lo exterioricen.

No es recomendable realizarlo con personas que no tienen previamente ese “automachaque”, porque entonces, las estarías invitando erróneamente a focalizarse en su parte más negativa.

Comienza diciéndole a tu paciente que todos tenemos una especie de “demonio” en un lado del brazo que dice cosas negativos sobre nosotros mismos, sobre nuestros aspectos más negativos y que comenta nuestra vida cotidiana haciéndonos sentir mal. Incluso aunque a veces pensemos que no es del todo cierto lo que este demonio está diciendo, ese pensamiento está ahí presente.

Este ejercicio consiste en “darle rienda suelta al demonio”. Debes ser tú quien lance inicios de frases para que tu paciente los complete libremente, como si fuera este “demonio interno” quien contestara.

Cuantos más finales aporte a cada frase, mejor. Pídele al paciente que intente contestar ajustándose a la realidad de los pensamientos que normalmente tiene en su vida cotidiana, sin exagerar ni tampoco minimizar.

Algunos de los inicios de frases que puedes lanzarle para que complete son éstos, más los que se te ocurran a ti:

  • Soy (un/una)…”
  • Me molesta de mí…”
  • Me doy rabia cuando…”
  • Siempre me he comportado como…”

Este ejercicio funciona porque es una forma, para ti como terapeuta, de explorar qué es lo peor que corre por la mente de tu cliente. Le dará pie a hablar y a profundizar en temas como la culpa, el miedo, o el rencor.

Para el paciente también será útil exteriorizar todo aquello que normalmente funciona como un “machaque sordo”. Poner en palabras estos pensamientos y decirlos en voz alta es, en sí mismo, un primer paso que impacta.

Como terapeuta, es importante que juegues con la reestructuración cognitiva para ayudar al paciente a darse cuenta de la irrealidad de esos pensamientos, la falta de sentido o de justificación concreta para pensar de esa manera.

Éstas van a ser sesiones complejas para el paciente y también para ti como profesional, porque como terapeuta tendrás que gestionar de forma adecuada los ataques que el paciente va a desplegar hacia sí mismo, procurando que no se vayan de las manos y se conviertan en algo contraproducente.

Un consejo: no dejes que tu propio miedo a perder el control de la situación te haga cortar al paciente, interrumpirle, suavizar la situación, consolarle o ninguna otra conducta que pretenda aplacar su emoción por evitar tu propio malestar.

4. Trabajar con las Fortalezas

El paciente con baja autoestima se desenvuelve fácilmente por el terreno de lo negativo sobre su persona: sus defectos, carencias, errores, críticas.

Sin embargo, les suele resultar complicado cambiar el foco hacia lo positivo: cualidades, éxitos, habilidades, gustos.

Cuando la terapia ya está un poquito más avanzada, ésta va a ser la clave: trabaja poquito a poco, para que la persona aprenda a verse con unos ojos diferentes.

El principal objetivo de esta fase de la terapia es que la persona aprenda a tratarse desde el respeto y desde el amor a sí mismo,cambiando su diálogo mental, hasta hacerlo más suave y cariñoso.

Para eso, lo primero que debes hacer es lograr que el paciente realmente recupere ese amor por sí mismo que, o bien ha perdido, o bien nunca ha tenido.

Para que una persona se quiera a sí misma, de forma auténtica y realista, tiene que conectar con aquellas partes que le gustan de sí misma, con las cosas que se le dan bien, con los logros que admira de sí misma, con los momentos de bienestar en soledad. De esa forma, el cariño surgirá de forma natural y no impuesta.

Piensa en aquellas personas a las que más quieres. ¿Por qué las quieres?

Les tienes cariño porque te gusta cómo son, admiras lo que hacen, porque te aporta bienestar compartir tiempo con ellas.

Quererse a uno/a mismo no debe ser una imposición: “tienes que quererte porque eres el único que va a estar ahí toda tu vida”. Eso está muy bien, pero, ¿cómo querer a alguien a quien rechazo? ¿Cómo quererme a mí mismo, si no me gusto?

Ejercicio para Casa: Test de Fortalezas

Una forma de explorar las fortalezas personales es rellenar de forma online un cuestionario muy completo, el Cuestionario VIA de fortalezas personales.

Los resultados de este cuestionario dan pie al trabajo posterior en terapia y son realmente útiles para que tu paciente introspeccione y comience a conocerse a sí mismo en su lado más positivo.

Ejercicio en Terapia: Mi lado bueno

Este ejercicio lo puedes realizar en terapia y consta de los siguientes pasos:

1. Cualidades + Habilidades

Tu paciente debe realizar una lista, lo más amplia posible, de:

(1) sus cualidades (características positivas de su personalidad y de su aspecto físico)

(2) sus habilidades, es decir, lo que se le da bien hacer. Pueden ser cosas muy sencillas y cotidianas, no hacen falta grandes virtudes superheroicas ni grandes dotes.

En función de las resistencias que tengan, para algunos pacientes va a ser más complicado que para otros realizar estos listados.

Nunca caigas en la manipulación del paciente cuando éste dice “no se me ocurre nada”, “no tengo cosas buenas”, “nada se me da bien”. No des el ejercicio por acabado, ni pases a lo siguiente, hay que sostener esos primeros momentos de blanco mental.

Si le resulta muy difícil, sugiérele que recurra a otras personas cercanas para que le ayuden a elaborar los listados. Incluso tú mismo, como terapeuta, puedes aportar alguna cualidad positiva que ves en tu paciente y quieres recalcar.

También puedes recurrir a momentos pasados de su vida en los que tu paciente se sentía mejor.

A menudo los pacientes dicen cosas como “yo cuando era joven era muy echada para adelante, pero ahora todo lo contrario”, “antes de perder el trabajo yo era muy divertido, siempre estaba haciendo bromas, pero ahora ya no soy así”. Yo siempre les digo que si en algún momento de su vida fueron algo, esa virtud está ahí, en alguna parte de ellos, ¿o acaso fueron poseídos por otra persona? Sólo hay que rescatar y desenterrar esas virtudes que nos hemos ido dejando por el camino.

2. Ejemplificar y concretar

Pídele a tu paciente que elabore uno o dos ejemplos concretos para cada una de las cualidades que enumeró antes y en los que se vea reflejada esa virtud.

Concretar siempre es importante para bajar a la tierra y no quedarte en el terreno mental, que es tan ambiguo.

Por ejemplo, una cualidad que la gente dice muy a menudo “soy muy amiga de mis amigos”. ¿Qué es ser muy amiga de mis amigos? Nadie lo sabe.

Concretar esa cualidad en ejemplos claros y cotidianos, te ayudará a clarificar la ambigüedad.

Por ejemplo, “cuando mi amiga Marta me dice que necesita hablar, yo dejo lo que estoy haciendo y la llamo”, “soy buena guardando los secretos de mis amigos”, “se me da bien pararme y escuchar a mis amigos, sin juzgarles”.

3. Elaborar un perfil

Tu paciente ha de elegir o tiene que elegir las tres cualidades principales y las tres habilidades principales que le definen, aquellas con las que se siente más identificado, las que más le gustan, las que más se cree, las que más utiliza en su día a día, aquellas a las que le puede sacar mayor partido.

Esas tres cualidades y tres habilidades esenciales son seis herramientas que va a llevar debajo de su brazo en cada decisión y en cada paso cotidiano.

Ejercicio en Terapia: Recuperar el Amor propio

Ésta es la parte contraria y que complementa el ejercicio de “dar rienda suelta al demonio”. Consiste en que el paciente complete estas frases:

  • Me gusta ser…”
  • “Valoro de mí…”
  • “Me quiero porque…”
  • “Me siento bien cuando yo (hago, digo, pienso)”…

5. Pasar a la Acción

Recuerda finalizar siempre la terapia con un paso a la acción. En esta fase terapéutica final, el objetivo es que tu paciente empiece a tratarse con más cariño.

Esto significa aprender a reconocer sus propias necesidades, necesidades que dependan de sí mismo y no de los demás o del entorno y aportárselo de forma autónoma.

Para ello, es importante que tu paciente se plantee estas dos preguntas:

  • ¿Qué necesito?
  • ¿Cómo me lo puedo dar?

Ejercicio en Terapia: Planning de Momentos Agradables

Este ejercicio consiste en invitar al paciente a (re)descubrir y recopilar todo aquello que le gusta hacer, todo aquello con lo que disfruta, desde cosas troncales en su vida hasta pequeños placeres.

Por ejemplo: “me gusta tocar la guitarra”, “disfruto cocinando mis platos favoritos”, “un pequeño placer es llegar a casa, descalzarme y ponerme música un rato”.

Es perfectamente válido que el paciente tenga momentos agradables o pequeños placeres compartidos con otras personas (“tomarme un café con mi amiga”, “jugar con mi hijo”, etc.), y son muy importantes en la lista, aunque también es necesario que algunos de esos momentos agradables sean en soledad, sin depender de nadie ni nada externo, más que de sí mismo.

Logra que el paciente elija aquellos puntos de la lista que vea más viables o que le apetezcan más y que los introduzca en su vida cotidiana, a través de un planning de actividades agradables.

Estas actividades o pequeños placeres tienen que tener la misma importancia que las obligaciones, decidiendo cuánto tiempo al día o a la semana quiere dedicarse a aportarse bienestar.

Cuando la persona comienza a dedicarse el tiempo, el cariño, el respeto y el placer que realmente se merece, la autoestima se ve fortalecida, y con ella el bienestar, el optimismo y la salud mental.

Ejercicio en Terapia: Las 3 Metas

Una forma de lograr que tu paciente coja las riendas de su propia vida es ayudarlo a elegir tres metas realistas y que las ponga en marcha en su vida a corto plazo.

Es interesante que estas metas sean de diferentes áreas de la vida (social, personal, hábitos, salud, laboral, académica…). Estas metas tienen que tener las siguientes características:

  • Realistas (objetivos accesibles y viables, no simplemente sueños o idealizaciones)
  • Muy bien definidas (qué es exactamente lo que me propongo conseguir)
  • Concretas (qué cosas concretas voy a hacer para conseguirlo, qué pasos voy a seguir)

En este punto, enfoca la terapia hacia esos objetivos propuestos orientando y ayudando a tu paciente para los alcance, ya que le aportarán bienestar a su vida y fortalecerán su autoestima.

6. Finalizar la Terapia

¿Cómo sabrás cuándo finalizar la terapia? Cuando veas en tu paciente los rasgos de una autoestima sana.

Una persona con la autoestima sana…

  • Demuestra en su comunicación no verbal (rostro, gestos, tono de voz, forma de expresarse, etc.) que se siente satisfecha con su vida.
  • Habla con tranquilidad tanto de sus logros y cualidades, como de sus defectos y puntos a mejorar.
  • Es capaz de dar y de recibir halagos y otros gestos positivos
  • Está abierto a las críticas constructivas y es capaz de reconocer sus propios errores, dejando a un lado comportamientos perfeccionistas.
  • Transmite serenidad, naturalidad y espontaneidad.
  • Siente apertura y motivación ante nuevas experiencias.
  • Sabe cómo aportarse momentos de placer y lo hace con frecuencia.
  • Tiene capacidad de disfrutar de la alegría y el bienestar y también se permite las emociones negativas.
  • Su diálogo mental no es destructivo sino positivo, se envía mensajes de ánimo y aprecio.
  • Se comunica de una manera asertiva con los demás.
  • Prioriza sus necesidades antes que la aprobación de los otros.

Consideraciones finales sobre el Trabajo de la Autoestima en Consulta

  • La autoestima no es algo unidireccional. El “cómo me siento” afecta a “cómo me comporto” (“como me siento poco atractiva, no quiero quedar con chicos”). Pero también funciona a la inversa: el “cómo me comporto” afecta a “cómo me siento” (“si quedo con chicos a los que les gusto, me sentiré más atractiva”). Por eso, una buena forma de aumentar la autoestima de tus pacientes es animarles a hacer algo diferente que se convierta en un refuerzo positivo para ellos.
  • Tener un buen vínculo terapéutico o alianza con tu paciente es un aspecto clave para que la terapia con los problemas de autoestima tenga éxito. El cariño y la aceptación que tú sientas hacia tu paciente, es algo que se transmite. Contar con ese cariño le va a dar seguridad y le ayudará a quererse a sí mismo un poco más. Desde mi punto de vista, si tú como terapeuta no llegas a ver la parte positiva de tu paciente y no le aprecias por quién es, será imposible que le ayudes a mejorar su autoestima.
  • ¡No caigas en las trampas que el paciente se pone a sí mismo! El paciente se pone trampas como estas: explicaciones, argumentos, excusas, justificaciones… que pueden sonar muy lógicas, pero a menudo no son realistas. Por ejemplo, “como comida chatarra porque no tengo tiempo de cocinarme nada”, cuando realmente está utilizando ese tiempo, por ejemplo, en ver la tele, y puede redistribuirse de una forma más adecuada. Cree siempre lo que dice tu paciente, pero siempre siendo consciente de que su forma de ver las cosas es una perspectiva. Tú estás ahí para aportar un punto de vista diferente.
  • Para trabajar con la autoestima de tus pacientes es muy importante que tengas bien trabajada tu propia autoestima. ¡Los psicólogos y terapeutas también somos personas! Para poder ayudar a nuestros pacientes hace falta un trabajo de crecimiento personal muy extenso.

Infografía sobre cómo trabajar la autoestima en consulta

Aquí tienes la infografía que resume los 6 pasos fundamentales que has de seguir para trabajar con la autoestima en tu consulta. Para descargar esta inforgrafía y todas las demás DESCARGAS GRATUITAS, pulsa sobre la imagen para suscribirte a Psiky. Si ya estás suscrito, accede al enlace que recibiste al suscribirte.

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Acerca de Estefania Mónaco

Soy Psicóloga General Sanitaria, pero no soy sólo mi titulación. Soy mis pasiones: escribir, hacer terapia, leer, divertirme, aprender, viajar. Soy mis proyectos: ser terapeuta Gestalt, investigar, doctorarme. También soy mi alegría, iniciativa y esfuerzo. Mi intención es llegar a ti a través de la palabra. Mi ilusión, aportarte algo… y con ello, crecer como persona y como profesional.

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